La
Displasia de cadera es una grave enfermedad degenerativa con un gran
componente genético que afecta a la articulación coxo-femoral y que se
manifiesta por una cojera de carácter crónico, imposibilitando al animal
afectado el ejercicio de la caza. Su causa es un desarrollo anormal de la
cadera, con una mala articulación entre el fémur y el coxal, produciéndose
deterioro del cartílago articular y posteriormente desarrollo de artritis.
IMPORTANCIA
DEL CONTROL
La
necesidad del control de esta enfermedad se debe a una serie de factores
entre los que se pueden citar en primer lugar su carácter hereditario. Los
animales con síntomas de la enfermedad transmiten en un muy alto porcentaje
el problema a su descendencia, diseminando la patología. Si no se logra
apartar a los individuos afectados del esquema de selección el problema se
agravará e incluso se perpetuará.
Si en
cualquier raza de perros la displasia es un grave proceso, en mayor medida
lo es en las razas de trabajo. Y en el Pointer por su alto ritmo de
búsqueda, la cadera juega un papel fundamental en la propulsión del cuerpo,
no siendo posible mantener el galope si existe cualquier mínima patología.
Por la intensidad del ejercicio y bruscos giros durante la caza, en caso de
existir una ligera degeneración de la articulación, el caso tiende a
agravarse rápidamente, obligando al sacrificio del animal. Mientras en otras
razas de caza por el menor grado de requerimiento físico, individuos muy
ligeramente afectados pueden llevar a cabo su función muy dignamente.
La tasa de
displasia en el Pointer no es alta si lo comparamos con otras razas. Por la
experiencia personal que he podido obtener en la clínica diaria, la
patología es poco frecuente, pero es cierto que el volumen no es suficiente
para sacar conclusiones. En EE.UU. las tasas de displasia en un grupo de 850
ejemplares fue del 9,4% . Desconozco de más datos que aporten más luz sobre
la situación de la raza en España y en el resto de Europa.
En el lado
positivo hay que pensar que el Pointer es una de las razas de trabajo por
excelencia. Su selección a través de la caza o de las pruebas de trabajo
durante décadas ha hecho que se desechasen aquellos ejemplares no aptos por
presentar anomalías que impidiesen su perfecto rendimiento, incluidas las
cojeras debidas a la displasia. Se utilizaba una selección natural, Pointer
que no valía para la caza se eliminaba, método objetivo y eficaz. Otro hecho
positivo por lo que la situación del Pointer es mejor que la de otras razas,
es que, a pesar de ser un perro de tamaño medio-grande no se trata de una
raza de excesiva corpulencia. Cuanto más pesada sea la raza, y dentro de la
misma raza, cuanto más pesado sea el individuo, más posibilidades de
desarrollar displasia de cadera. La razón es simplemente porque la
articulación coxo-femoral debe soportar más peso.
Sin
embargo, por tratarse de una enfermedad con un importante componente
hereditario no se puede erradicar, al menos con los medios actuales. La
enfermedad está relacionada con varios genes, al menos algunos de ellos
recesivos, por lo que pueden existir ejemplares que, a pesar de poseer un
fenotipo perfecto (caderas perfectas) portan en su código genético o
genotipo los genes que desarrollan la enfermedad. La descendencia de estos
perros puede recibir los genes que predisponen a la enfermedad.
Otro factor
negativo que podemos encontrar en la raza es la existencia de líneas
exclusivamente de belleza. Al no verse sometidos a fuertes cargas de
trabajo, pueden existir perros con un grado medio de displasia, pero que
jamás muestren ningún signo externo. Estos mismo ejemplares subclínicos ante
el ejercicio intenso y prolongado acabarían desarrollando sintomatología.
Con la caza aflorarían mayor cantidad de estos casos.
También hay
que tener en cuenta que muchas veces se trabaja con una fuerte
consanguinidad. Y aunque se tenga mucho cuidado a la hora de seleccionar los
cruces, tenemos que aceptar que esta selección únicamente se hace,
principalmente, por el fenotipo. Es cierto que teniendo los registros de los
parámetros de los antepasados, hermanos y descendientes se pueden
relacionar, estableciendo parámetros que indiquen las probabilidades de que
un individuo desarrolle displasias e incluso trazar de manera retrospectiva
la diseminación de los genes de la enfermedad. Para realizar este índice
sería necesario tener una amplia base de datos, con los registros del mayor
número de perros posibles. En resumen, aunque la tasa de displasia del
Pointer no sea alta, es necesario mantener unos criterios y presión de
selección respecto a este parámetro. Si no se corre el riesgo de que la
situación empeore y nos pongamos a la par de otras razas, incluso de caza,
que por distintos motivos sufren esta patología en mayor medida.
ANATOMÍA Y
FISIOPATOLOGÍA
Es
importante tener unos pequeños conocimientos de la anatomía de la cadera
para comprender como se desarrolla la displasia, que estructuras son
afectadas y cuales son consecuencias.
Los huesos
que forman esta articulación son el fémur y el coxal. El fémur es el hueso
más grande de la extremidad posterior y en su extremo proximal, para su
unión con la cadera, termina en una cabeza casi completamente semiesférica.
Por su parte el coxal es el hueso más importante de la cadera. Está formado
por la unión de tres huesos (Ilion, Isquion y Pubis). A ambos lados del
hueso existen una cavidades denominadas acetábulos. El acetábulo es una
depresión con forma de copa, en la que encaja perfectamente la cabeza del
fémur. Las caras más externas de ambas capas están formadas por capas de
tejido cartilaginoso, muy liso y lubricado con líquido sinovial,
favoreciendo, de este modo, al ser menor el rozamiento, el movimiento de la
articulación. Para aumentar la resistencia del conjunto existe en primer
lugar el ligamento redondo, que une directamente la cabeza del fémur con el
acetábulo del coxal y en segundo lugar la cápsula articular que es una banda
de tejido fibroso que envuelve toda la articulación, tanto el fémur como el
acetábulo.. Para finalizar, también hay un gran número de músculos alguno de
ellos de gran potencia se insertan en el coxal y fémur, siendo los
responsables de la realización de los movimientos pero a su vez tiene una
gran importancia en el mantenimiento de la estabilidad de la articulación.
Como
resultado de esta anatomía de la articulación de la cadera es muy móvil,
permitiendo movimientos de flexión, extensión y movimientos laterales. A su
vez es sumamente potente, transmitiendo los movimientos de los músculos. Por
estas causas es una parte sensible y el menor problema repercutirá
notablemente en su funcionalidad. Y si la estabilidad de esta articulación
disminuye como ocurre en el caso de la displasia , la cabeza del fémur
quedará bailando dentro del acetábulo y con el movimiento ambas estructuras
chocarán constantemente produciéndose inflamación, dolor y a largo artritis.
ORIGEN Y
FACTORES RELACIONADOS
La
displasia es una enfermedad de origen genético; pero en la que los factores
ambientales implicados durante el desarrollo del perro también son muy
importantes. La existencia de genes displásicos es condición indispensable
pero no suficiente para desarrollar la patología. Se sabe que hay varios
genes implicados, algunos de carácter recesivo. La heredabilidad, valor que
cuantifica la importancia de la variación del fenotipo debido a los factores
genéticos se sitúa, según estudios, entre un 0,25 y un 0,35. Esta notable
heredabilidad explica el claro componente genético de la enfermedad; pero
también indica que hay otros factores que son importantes. Estos otros
parámetros relacionados son: ingesta de proteína y energía, ingesta de
calcio y ejercicio.
La
alimentación juega un papel notable en el desarrollo de la enfermedad. Se ha
demostrado que cachorros alimentados "ad libitum" (comida a discreción)
tiene una tasa de displasia mayor que aquellos a los que se les raciona la
comida. De igual modo los cachorros alimentados con piensos de altos
contenidos en proteínas y energía tiene mayores tasas de displasia. En ambos
casos es debido a que los cachorros crecen y engordan demasiado rápido,
antes de que el esqueleto haya madurado lo suficiente para soportar ese
peso. Es mejor optar por patrones de crecimiento más lentos; pero más
equilibrados. A partir de los tres meses de edad habría que optar por
piensos de buena calidad con niveles de energía entre 3800 y 4200 Kcal./Kg.,
nivel de grasa entre el 14 y el 16% y niveles de proteína medios entre el 26
y el 28%. Además se debería optar por ofrecer la ración diaria en dos o tres
tomas.
Otro factor
que se ha relacionado con la displasia es la ingesta excesiva de calcio,
práctica extendida a todos los propietarios de perros de razas grandes.
Lejos de favorecer su crecimiento es produce un efecto rebote y el organismo
sintetiza mayor cantidad de hormona calcitonina que disminuye los niveles de
calcio en sangre y retrasa la osificación del cartílago. El hueso es más
pesado pero menos estable. El nivel de calcio total recomendado en la ración
diaria varia según las diferentes tablas entre el 0,6 y el 0,8%. Y también
muy importante es alojar al cachorro en una perrera en la que reciba la luz
directa del sol, de esta manera se activará la vitamina D responsable de la
osificación del esqueleto y evitaremos problemas de crecimiento.
Recomendable es así mismo que el piso de la perrera no sea deslizante para
ahorrarnos complicaciones en las extremidades que puedan repercutir también
en la cadera.
Respecto al
ejercicio tanto la inactividad como el exceso pueden ser perjudiciales. La
falta de ejercicio implica menor desarrollo muscular, por lo que la
articulación es menos estable. Y en el sentido opuesto el ejercicio de gran
intensidad durante la edad del crecimiento aumenta el riesgo de desarrollo
de displasia ya que los traumatismos recibidos en la articulación coxo-femoral
son más repetidos. Sin embargo, por ser el pointer un perro de trabajo,
personalmente creo que habría que anteponer el ejercicio, aún sabiendo que
se asume un pequeño riesgo. Siempre teniendo en cuenta que antes de que el
perro acabe su desarrollo óseo , alrededor de un año de edad, no hay que
abusar y se deben evitar las jornadas agotadoras.
SINTOMATOLOGÍA
En animales
afectados y sintomáticos los signos externos del proceso son una cojera
unilateral o bilateral, frecuentemente crónica, que se agrava tras el
ejercicio. La edad de aparición de los síntomas es variable aunque, por
norma general suele variar entre los seis y los dieciocho meses. Se verán
afectados todos aquellos ejercicios en los que la cadera sea utilizada en
mayor medida. Más específicamente, con la displasia de cadera nos
encontramos con perros con dificultades para levantarse, subir escaleras,
reacción de dolor ante la extensión de las patas traseras, dificultades para
saltar o correr, siendo típico el movimiento como los conejos, con ambas
extremidades posteriores a la par. En fases muy avanzadas, cuando se ha
desarrollado la artritis es posible sentir los chasquidos de la articulación
al moverla.
Pero hay
que reseñar que existen ejemplares que pese a tener caderas mal formadas no
presentan ninguna sintomatología y el único método eficaz de averiguarlo es
mediante la realización de radiografías.
TRATAMIENTO
La
displasia muchas veces imposibilita al pointer afectado y difícilmente un
perro afectado se puede recuperar. Unicamente en casos muy leves o aquellos
pointers que no vayan a ser dedicados al trabajo sería indicado intentarlo.
Tratamiento
sintomático o conservador: En los casos menos graves se puede intentar
paliar la sintomatología mediante la administración de antiinflamatorios
orales (fenilbutazona, piroxicam...) y glicosaminoglucanos que favorecen la
conservación del cartílago articular. También es necesario reducir el
ejercicio, especialmente el de carácter intenso, para intentar no dañar en
mayor medida la articulación.
Tratamiento
quirúrgico: En las últimas décadas se han desarrollado técnicas quirúrgicas
que en los casos más graves son la única posibilidad de mejora. Las más
usadas son: osteotomía (retirada) de la cabeza y cuello del fémur, triple
osteotomía de cadera (se modifica la posición del acetábulo) y prótesis de
cadera. Todos estos métodos tienen la desventaja tienen la desventaja de ser
operaciones caras y aunque mejoran en gran medida la calidad de vida del
animal, no sería recomendable dedicar estos perros a la caza por el riesgo
de recaída.
DIAGNOSTICO
Por la
existencia de animales con caderas deficientes; pero que no muestran
síntomas, es necesario utilizar una radiografía de las caderas para
averiguarlo. Para realizar la placa es necesario que el perro sea sedado o
anestesiado, colocado en decúbito dorsal y las extremidades posteriores
totalmente extendidas, paralelas y rotadas hacia el interior. Es muy
importante que la radiografía esté perfectamente tomada para poder valorarla
y medirla con exactitud.
En la
radiografía hay que valorar:
Angulo de
Norberg: ángulo formado entre las rectas que unen las cabezas femorales y
los puntos más externos de los bordes del acetábulo. Es un factor
importante, pero hay que tener en cuenta que no es el único punto a valorar.
Forma y
profundidad del acetábulo.
Forma y
posición de la cabeza y cuello del fémur.
Integridad
de las superficies articulares
Congruencia
entre ambas superficies
Alteraciones artríticas secundarias.
Una vez
valorados estos factores, se puede establecer una clasificación dictada por
la FCI:
Grado A:
ángulo de Norberg alrededor de 105º, acetábulo y cabeza femoral perfectas,
líneas articulares limpias y perfectamente congruentes con poco espacio
entre ellas.
Grado B:
ángulo de Norberg alrededor de 105º pero existe una ligera incongruencia
entre acetábulo y cabeza femoral.
Grado C
(displasia leve): ángulo de Norberg sobre los 100º, incongruencia entre
cabeza y acetábulo. Borde cráneo-lateral del acetábulo ligeramente aplanado.
Se pueden observar cambios artríticos o irregularidades en el acetábulo o en
la cabeza femoral.
Grado D
(displasia moderada): clara incongruencia entre cabeza y acetábulo con
subluxación. Angulo de Norberg ligeramente superior a 90º.
Grado E
(displasia grave): Total incongruencia entre las superficies articulares,
ángulo de Norberg menor de 90º. Claro aplanamiento del borde acetabular
craneal. Importantes signos de osteoartrosis.
Mediante
las radiografías se puede determinar el fenotipo del ejemplar, la expresión
del genotipo. Pero no podemos tener la certeza de que un animal, aunque
tenga la cadera perfecta (Grado A), no pueda transmitir la displasia. Lo que
si sabremos es que las posibilidades son mucho menores. Con el método
radiográfico podemos dictaminar que el ejemplar es libre de displasia a
nivel fenotípico, pero nunca tendremos la certeza de que ese animal no pueda
ser portador de algún gen que predisponga a la patología.
PREVENCIÓN
Las medidas
de prevención que deberían tomarse para intentar reducir el riesgo de
displasia son:
A nivel de
individuo:
Buscar
cachorros procedentes de padres de fenotipo no displásico.
Alimentación adecuada.
Ejercicio
moderado durante la fase de desarrollo.
A nivel de
raza:
Exigir a
partir del año de edad la radiografía estandarizada de las caderas.
No permitir
la crianza con animales de fenotipo displásico (Grado C, D y E).
Intentar
registrar y guardar el mayor número de datos sobre esto parámetro de todos
los pointers posibles. Serán de ayuda para saber el porcentaje de animales
displásicos en la actualidad y para disminuir la tasa de la enfermedad en el
futuro.
Informar y
aconsejar a criadores y propietarios del manejo necesario para minimizar el
problema.
Fdo.
Alberto Arciniega Iriarte.