Una vez
leído el artículo que sobre la caza de la perdiz al salto y a la "guerra
galana" aparecido en la revista "Perros de Caza" del mes de Octubre de 1999,
no me resisto a expresar mis opiniones, sin ánimo de polémica y con el
debido respeto al autor del mismo y a su visión del asunto. Simplemente
intento dar otro punto de vista sobre la caza de la perdiz con perro de
muestra, intento defender el método de caza deportivo y puro de la perdiz
que ya se practicaba en la península ibérica antes de la aparición de las
armas de fuego, mediante el uso de la red o de la ballesta.
Este método
de caza, más bien arte, se encuentra perfectamente documentado en la obra
tantas veces citada, aunque yo creo que pocas leída: EL ARTE DE BALLESTERIA
Y MONTERIA, de Don Alonso Martínez del Espinar fechada en 1644, en dicha
obra, en la introducción al capítulo de la caza con perro de muestra, se
encuentra el párrafo que a continuación se transcribe y que, sin
preocuparnos de su antigüedad, permanece de rabiante actualidad.
"Se las
mata al vuelo con arcabuz; es por eso por lo que no hay la cantidad que hubo
en otros tiempos; y tampoco se encuentran ya perros de muestra que las
encuentren y las muestren con una habilidad tal que se podía matar un gran
número con ballestas. En esa época los cazadores eran muy diestros; ya no es
lo mismo actualmente: en efecto, la caza se mata más fácilmente, nadie
quiere perder su tiempo en adiestrar perros, porque ya no se tira la perdiz
en tierra, el único papel desempeñado por el perro es el de hacer volar las
perdices, lo que no exige adiestramiento, todo perro lo hace de forma
instintiva. Sin embrago, para no dejar caer en el olvido absoluto esta forma
de caza, el recuerdo de otros tiempos, y para poner de manifiesto algunos de
sus méritos, que los curiosos leerán con placer, vamos a estudiarla en
nuestro próximo capítulo."
Pero ¿cómo
se practica esta caza?¿Que características debe reunir el verdadero perro de
muestra?. Ya desde el siglo XVI este tipo de caza estaba perfectamente
descrito, con la única variación de que en la actualidad se utiliza la
escopeta y en aquella época se utilizaban las ballestas. Así en el
manuscrito anónimo DIALOGOS DE MONTERIA, se describe del siguiente modo:
"El más
noble método y el mejor deporte que existe es matarlas con perros de punta.
Lo cual se hace del siguiente modo: es necesario encontrar la perdiz
mediante las facultades del perro y este no puede encontrarla tan bien,
mediante la vista o el oído como por el olfato; lo primero que debe hacer el
cazador al llegar al terreno, es constatar la dirección del viento, ponerse
de cara a él y buscar de ese modo las aves metódicamente en los lugares
donde es factible que se encuentren. Llegado al primer cuartel, el cazador
elegirá el punto más elevado y partirá de allí soltando a su perro y
obligándole a mantener una busca cruzada frente al viento; para indicar lo
que debe hacer, los términos habitualmente empleados son: ...
Después
de haber batido ese campo, se pasa al siguiente, situándose siempre en el
punto más elevado, de forma que se pueda ver mejor los vuelos de las
perdices; es decir, donde estas se echan a tierra. Siempre que el cazador se
encuentre próximo a la caza, dirigirá a su perro con un silbato más que con
la voz, evitando así un ruido que tanto molesta a las perdices. Cuando el
perro las encuentra sorprendiéndolas, tan pronto como las encuentre y quede
en muestra, el cazador deberá avanzar rápidamente parta ejecutar la maniobra
de aproximación ..."
Don Alonso
Martínez del Espinar en su obra antes citada describe el método de caza con
perro de muestra del siguiente modo:
"Entre
las numerosas maneras de matar las perdices, la que parece más agradable al
cazador es el espectáculo de los esfuerzos que hace un perro para encontrar
los pájaros: en efecto, este animal es el más esforzado de los trabajadores,
su respiración y su actividad son tan buenas que, de la mañana a la tarde,
no cesará de galopar, y ciertos perros son tan ligeros que parecen volar
bajo el sol; cuando el perro está excitado porque atraviesa el efluvio de
estas aves entonces, redobla sus esfuerzos hasta que consigue mostrarlas, lo
cual constituye el deseo de su amo".
De los
párrafos citados, así como del resto de las obras comentadas, aparece sin
lugar a dudas un método claro y preciso del modo de caza de las perdices con
perro de muestra. Se ve claramente que se utilizaban perros que buscaban las
emanaciones al viento desechando aquellos que seguían los rastros por el
suelo, se utilizaban perros de búsqueda cruzada amplia y veloz, de muestra
fija, que conseguían mediante un riguroso adiestramiento.
También se
apuntan los motivos de la decadencia del perro de muestra en España y que no
son otros que la aparición de las armas de fuego y con ellas la facilidad de
derribar las perdices sin necesidad de que el perro previamente las haya
mostrado. Dado el carácter español es fácil comprender que no necesitándose
la previa muestra y pudiéndose ahorrar el largo trabajo de adiestramiento de
los perros, en España el perro de muestra estaba condenado.
Efectivamente así ha ocurrido, primero fueron quedando los perros más lentos
que eran utilizados en la caza de la codorniz y bajo la condición de que
hubiera miles de ellas como sucedía hasta hace bien poco. Las razas de
muestra para perdices, los llamados perdigueros, fueron degenerando hasta
desaparecer y creo que en la actualidad no hay en España una sola raza
autóctona capaz de desarrollar el trabajo descrito por los autores citados
en esta artículo.
Sin embargo
los ingleses, previa importación, seguramente de aquellos perros que
describe Martínez del Espinar, reinventaron el deporte de cazar perdices con
perro de muestra, añadiéndole la escopeta que sustituía a la ballesta y por
tanto introduciendo el factor del tiro al vuelo. Los fundamentos,
exactamente los mismos; búsqueda contra el viento, extensa y veloz, toma de
las emanaciones al viento y nunca sobre rastro, muestra muy sólida y férreo
adiestramiento. Nada nuevo bajo el sol.
Para la
práctica de este bello deporte en toda Europa y fundamentalmente, en Gran
Bretaña, se han seleccionado unas razas que cumplieran dichos requisitos,
así en el estándar de trabajo de todas las razas se prescribe una búsqueda
cruzada contra el viento amplia y al galope, por tanto rápida. Para todas
las razas se prescribe la toma de emanación al viento y la muestra fija y
sólida.
Sin embargo
en el artículo al que hacía referencia al principio de este trabajo, se
describe un método de caza de la perdiz en el que se utilizan razas de
muestra, aconsejando una búsqueda corta, a tiro de escopeta, con la
velocidad más bien lenta y sin darle más que una ligera importancia a la
muestra. Se llega a aconsejar que el perro que realice una muestra somera
por falta de capacidad para blocar la caza, debe ser recompensado abatiendo
la perdiz. Considero que dichas aseveraciones jamás deben ser puestas en
práctica por los amantes de la caza de la perdiz con perro de muestra que
deben ceñirse al método descrito por los viejos autores, y que sin duda,
ofrece grandes ventajas respecto del descrito en el artículo que aquí
comentamos.
Efectivamente, conduciéndose como se aconseja en el artículo que criticamos
jamás conseguiremos un excelente perro de muestra, ya que en él, se
entremezclan elementos de la caza con perros levantadores, es decir aquellos
que no realizan la muestra y se limitan a levantar la caza, incompatibles
con lo que debe hacer un perro de muestra. así cuando matamos la perdiz que
el perro ha hecho volar conscientemente, ha atropellado o ha hecho volar por
falta de prudencia, estamos indicando al perro que lo que ha hecho es lo
correcto, de forma y manera que en próximas ocasiones e perro se dedicará a
hacer volar la caza conscientemente para volver a recibir tan goloso premio.
Jamás aprenderán a medir la distancia de seguridad de la perdiz cuya
emanación reciben. Por el contrario Martínez del Espinar ante tal coyuntura
aconseja lo siguiente:
"El
cazador debe también saber cuando el perro comete una falta, cuando merece
ser castigado y que fuerza debe tener el castigo, de forma que no se castiga
al perro en el mismo grado por todas las faltas; así en ocasiones merece un
fuerte castigo por haber hecho volar la perdiz, y otras veces pese a que la
haya hecho volar, no merece un castigo muy severo, Cuando el perro
trabajando a buen viento no entra a una perdiz, pero la perdiz vuela porque
no aguanta hay que reprenderlo por haberse aproximado en exceso; se le debe
corregir por su falta, pero es suficiente tirarle de las orejas diciéndole:
¡pon atención!. Porque la intención del perro era pararla; simplemente ha
caído en la tentación de aproximarse demasiado y la ha puesto en fuga; pero
debe ser corregido para que otra vez no se aproxime en exceso. Siempre que
el perro trabajando a buen viento y sabiendo donde está la caza, la haga
volar descaradamente, debe verse severamente castigado: esta es, en efecto,
la peor falta de la cual puede ser culpable y el castigo debe ser
proporcionado."
Pero
analicemos las ventajas y desventajas de los elementos fundamentales de la
caza con perro de muestra.
En primer
lugar, hablamos de una búsqueda extensa, cruzada de pico al viento y veloz.
Por contra se nos aconseja una búsqueda dentro del radio de acción de la
escopeta, es decir máximo treinta metros, lenta y "mateando". La búsqueda
amplia tiene la indudable ventaja de abarcar mucho más terreno y por tanto
aumenta las posibilidades de encontrar las perdices y disminuye las
posibilidades de dejarlas atrás, lógicamente para abarcar tanto terreno se
necesita una andadura suficientemente rápida para no perder la jornada en
batir dos hectáreas, realizarla de cara al viento pone en ventaja al perro
que reciba las emanaciones y en desventaja a las perdices que no oyen al
perro aproximarse. Además, sobre perdices rojas, para conseguir la
disgregación del bando deben ser acosadas rápidamente después del primer
vuelo y sucesivos. Si la búsqueda es demasiado lenta, cuando llegamos al
punto donde las perdices han aterrizado éstas ya han recuperado las fuerzas
y pueden volver a volar cuantas veces quieran. Por el contrario, la búsqueda
corta, dentro del radio de la escopeta, no tiene ninguna ventaja, salvo que
lo que se pretenda sea disparar sobre las perdices que el perro torpemente
levante sin mostrarlas previamente, pero ello no es cazar con perro de
muestra y además lo único que se consigue es estropear al perro como ya
quedó dicho. La búsqueda corta está prescrita para los perros levantadores.
El perro de muestra puede extender mucho más la búsqueda lateral, bajo la
condición de realizar la muestra y mantenerla hasta la llegada de su dueño.
El trabajo sobre el perro de muestra debe centrarse, no en recortar la
extensión de la búsqueda, si no, en fortalecer la solidez de la muestra y la
capacidad del perro para blocar las perdices. Veamos que opinaba el autor de
la obra diálogos de montería al respecto:
"El
perro debe ser rápido, de forma que bata mucho terreno, sin gran fatiga para
el cazador, y que encuentra la caza que no encontraría si fuese lento; sin
contar que en este último caso el cazador se ve abocado al doble trabajo de
acompañar al perro en sus lazos a derecha e izquierda. Pero si el perro es
tal y como yo lo he deseado, todo ese esfuerzo se evitará, porque el cazador
se mantendrá en un punto desde el que dirigirá al perro, que batirá mucho
terreno."
Otro de los
elementos fundamentales es que el perro caza sobre las emanaciones directas
y no sobre los rastros. Se nos aconseja el perro "que cuando debe tomar los
rastros los toma". Pero el perro que mete el morro en el suelo delante de
las perdices lo único que consigue es tropezar con ellas y hacerla volar,
nunca tendrá el conocimiento de la existencia de las mismas con suficiente
antelación para poder medir la distancia y blocarlas mediante una sólida
muestra. Martínez del Espinar lo dice mucho mejor que yo en el siguiente
párrafo:
"Las
perdices aguantan mucho mejor ante un perro que las encuentre, no por el
rastro, sino por la emanación directa, y que gradúe su distancia según su
tranquilidad o su inquietud; porque, según la emanación directa, el perro
puede darse cuenta si están agitadas o tranquilas, incluso si llega junto a
las aves, estas pueden creer que no son acechadas por él. Cuando, por el
contrario, trabaja el rastro, lo que asusta a las perdices, es ver al perro
seguir exactamente el camino que ellas han tomado para ocultarse; y si el
perro trabaja a mal viento, caerá probablemente sobre los pájaros. Que
incluso si este perro para, a veces perdices, su muestra no será segura;
porque, no trabajando a buen viento, está forzado a mostrar allí donde está
seguro de la emanación; y como esta se produce, en general, muy cerca de las
perdices, éstas no esperan."
Por último,
el núcleo de la cuestión, la muestra. La capacidad de realizar la muestra es
lo que distingue a las razas de muestra de las que no lo son. Esta habilidad
de indicar con precisión el lugar donde se encuentra la perdiz, se recibe
por herencia genética. Sin embargo, es necesario fomentarla, pulirla y
fijarla. Evidentemente, de nada sirve, una magnífica actitud de búsqueda,
amplia, rápida y elegante, si el perro cada vez hace volar las perdices o no
realiza la muestra de forma adecuada, impidiendo con ello al cazador poder
disparar sobre las perdices. Así pues, se impone la imperiosa necesidad de
conseguir del perro que realice la muestra de forma adecuada y útil al
cazador. Para ello, en primer lugar, debemos proveernos de un ejemplar que
proceda de una familia en la que esté constatada y fijada la capacidad de
mostrar. Una vez en nuestras manos, un ejemplar válido, es decir ávido de
buscar rápido y con marcado instinto de muestra, el trabajo se reduce a
poner el perro en presencia de perdices y disparar sólo sobre las que el
perro muestre de forma correcta. Para ello, el perro debe ser llevado a un
terreno con un número suficiente de perdices, ponerlo de cara al viento, sin
otros cazadores y sus perros por lo alrededores que puedan distraerlo, y
esperar, tanto como haga falta para abatir la primera perdiz cuando éste la
haya mostrado de forma adecuada. Así estamos indicando al perro que lo que
de él pretendemos es que realice correctamente la muestra. El más grave de
los errores consiste en disparar sobre aquellas perdices que el perro ha
forzado sin realizar o sin mantener de forma adecuada la muestra.
Sin ninguna
duda, las primeras salidas con un perro joven ponen a prueba la paciencia de
su adiestrador. El joven perro desconoce las emanaciones y es posible que,
hasta que empiece a procesarlas y tome conocimiento, necesite "atropellar"
algunos bandos de perdices. Una vez conozca las emanaciones, lo normal, es
que el perro, seguro de sus facultades, crea que puede atrapar las perdices
sorprendiéndolas o persiguiéndolas y no realice la muestra o la realice de
forma somera. Por ello, cuidado con las aves de granja que puedan ser
atrapadas por el perro, pues ello refuerza su idea de que es capaz de
cogerlas. Sin embargo, los perros de buena raza, tras atropellar y perseguir
las perdices en más o menos ocasiones, por fin realizan una muestra con
precisión fija y sostenida; es el momento de abatir la pieza. El perro
empezará a comprender que si muestra y mantiene su muestra hasta la llegada
del cazador, éste podrá disparar a las perdices y él podrá cobrar la pieza.
Es el principio de la colaboración, el perro, por su propio interés, buscará
con el único fin de mostrar las perdices y servírselas a su dueño. A partir
de ahí, la práctica otorgará la experiencia necesaria al perro, para saber
como tratar las emanaciones, a que distancia fijar la muestra para evitar
que las perdices se le escapen a peón o vuelen. Igualmente aprenderá a
ubicar al cazador sobre el terreno, a buscar las perdices en los sitios más
querenciosos y, en fin, se convertirá en un auténtico perro que merezca el
adjetivo "de muestra".
Creo
absolutamente fundamental, enseñar al perro el respeto absoluto al vuelo de
las perdices. Con ello conseguimos, en primer lugar, solidificar de forma
adecuada la muestra del perro, además y de forma colateral conseguimos otras
ventajas, como son el poder disparar sobre las perdices del bando que han
quedado aplastadas, cuando otras han volado con anterioridad. El respeto al
vuelo nos ofrece, igualmente, la posibilidad de un tiro sin interferencia
del perro y pone a salvo a éste de más de una perdigonada.
En resumen,
esta es mi propuesta para la caza de la perdiz con perro de muestra, una
vuelta a los orígenes y a la correcta utilización de estas razas y que
además supone un método deportivo, ecológico y ético, dado que es
perfectamente compatible con una adecuada gestión del territorio de caza.
Sin duda, sobre todo al principio, las perchas serán escasas pero sólo
entonces podremos alardear que preferimos un perfecto lance que un morral
repleto. Sin ninguna duda, en aquellos cotos en los que se utilice este
método estrictamente, la densidad de perdices aumentará considerablemente,
lo que sin duda beneficiarán el aprendizaje de los jóvenes perros que
dispondrán de muchos más encuentros para así perfeccionar su técnica.
Los tiempos
de las grandes carnicerías han quedado atrás, la disyuntiva es; cazamos
deportivamente, dando opción a las perdices, o nos quedamos sin perdices y
por tanto dejamos de cazar. Cada uno que obre en conciencia. Aquellos que
sigan los métodos de caza hasta ahora utilizados, como es el "ala", el
"gancho" y sigan disparando a todo lo que vuela, están de enhorabuena, tengo
noticias de que ha aparecido en el mercado un cartucho que alcanza más de
cien metros. Que les aproveche.
Fdo.
Francisco García Vicent.