En
cualquier ámbito, manifestación o actividad es, con frecuencia, provechoso
contraponer a la necesaria labor de análisis profundo y meticuloso la
revisión, crítica y panorámica del hecho que nos atañe. Lo anterior sirva de
explicación del esquema mental con el que pretendo reflexionar sobre algunos
aspectos de los concursos de trabajo y, particularmente, de los concursos de
primavera.
Es evidente
que los llamados perros de primavera en las diferentes disciplinas son, por
definición y antes de cualquier cosa, perros de caza, siendo esta
característica la primera cualidad que deben de mostrar. Por el contrario,
su carencia será el más grave defecto.
Otras
muchas cualidades son igualmente exigibles y para ello están los estándar y
reglamentos que deberán ser tenidos en cuenta y aplicados con rigor, pero
nunca de manera arbitraria y a expensas de la corriente que en el momento le
toque estar de moda o de la opinión autorizada o no (alguna vez interesada)
de tal o cual juez, de tal o cual profesional, de no importa quien haya
lanzado el "axioma" que lograse calar entre los que escuchan de buena fe.
Quienes
acudimos con alguna frecuencia a los concursos corremos el riesgo de ser
atrapados por los tópicos que nos ponen en circulación y otros asimilan y
aceptan inconscientemente y que nos conducen a actuar por inercia. Yo creo
que no es bueno aceptar sin la menor crítica, las frases hechas, los lugares
comunes, muletillas que poco aclaran y cuya simple invocación acalla
cualquier disidencia por temor a ser tachado de no estar en el "quid" o en
el espíritu de la cuestión.
Como
ilustración de lo que digo baste observar lo difícil que es triunfar para
algunos ejemplares a los que con frecuencia se les prejuzga queriendo ver
únicamente sus defectos. Por el contrario, hay individuos que parecen
encajar en los cánones al uso y cuentan de antemano con la simpatía y la
predisposición favorable. Los méritos de tales sujetos a veces se reducen a
unos pocos puntos (eso sí , brillantes) conseguidos en toda una temporada,
cuando no en toda una vida deportiva. En su evaluación siempre se podrán
encontrar atenuantes, simplemente obviando los defectos o achacando los
fallos a las malas condiciones ambientales, a un concurrente que enerva o
induce al fallo, a la excesiva abundancia de caza, etc. Y ¿que decir de la
permisividad en la conducción y en las órdenes que, con el tiempo pueden
convertirse, no ya en exageradas, sino en escandalosa?. O una salida de mano
que se nos pretenderá igualar con una gran iniciativa cuando es evidente que
no son la misma cosa.
Un
formidable galope, un gran porte de cabeza, una condición física y otras
cualidades de tipo físico no pueden servir para enmascarar carencias
psicológicas: inteligencia en el trabajo, pasión por cazar, adaptación de la
búsqueda al terreno y a la densidad de caza, contacto con el conductor,
adiestramiento, etc., cualidades estas que convierten al superdotado físico
en cazador superdotado y por tanto, en campeón.
La
desconfianza de los cazadores hacia los perros de concurso proviene quizá de
las decepciones sufridas al ver las "exhibiciones" de ciertos pretendidos
cracks cuyo único mérito es un galope enloquecido sin dar la menor sensación
de caza inteligente.
No podemos
confundirnos, ni confundir a los que quieren aprender. Desde mi punto de
vista el gran perro de primavera (Gran Busca incluida) es el sujeto capaz de
realizar la acción de cazar al más alto nivel. El título de campeón no debe
ser conseguido por mediocres, solamente los grandes en todo pueden alcanzar
la gloria. No entenderlo así es confundir los medios con los fines, es
desvirtuar la razón misma de los concursos y correr el riesgo de conducir la
selección hacia la obtención de nuevas razas que resultarían de la escisión
entre perros que cazan y perros que concursan.
Voy a hacer
mía una frase de un juez, gran conocedor, del que tuve la oportunidad de
aprender: "La Gran Busca es sobre todo orden". En mi opinión la frase lo
resume todo y no excluye nada. Por mi cuenta añadiré, si se me permite, que
además de orden se necesita sentido común.
A propósito
de la Gran Busca creo que sería bueno quitarle cierto halo de
inaccesibilidad, esoterismo, casi imposibilidad de ser abordada. Me parece
más positivo definirla como la acción de cazar llevada a la más alta
expresión (que no es poco).
Las cosas
en su justo lugar (los árboles y los bosques) y a cada cualidad su justo
mérito: que la contemplación de unos pocos árboles, por magníficos que estos
sean, no nos impida disfrutar, libres de prejuicios, de la importancia del
bosque en su conjunto.
Fdo.
Juan Manuel Platero Varela.